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Competitividad y el ICREG

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En la actualidad, abundantes aproximaciones teóricas y empíricas sobre el desarrollo económico tratan de dar respuesta a cuestiones tales como la influencia de la política económica en el crecimiento a largo plazo de la economía o las razones que justifican que algunos territorios sean más ricos que otros.

En muchos casos, estos enfoques enfatizan en la idea de desarrollo endógeno, según el cual aspectos como la dinámica de la población, el nivel tecnológico, el rendimiento de los factores productivos o la inversión en capital físico y humano de una región constituyen la base de la competitividad y el crecimiento económico.

Según el Índice Global de Competitividad 2017-2018 del Word Economic Forum, España se encuentra en la posición 34 entre 137 países y ocupa el puesto 16 en el ranking de países europeos, superando a Polonia, Lituania, Portugal e Italia. La lista europea la lideran las ya habituales Suiza, Países Bajos, Alemania, Suecia y Reino Unido. Hace diez años, España se encontraba en la posición 29 y en el ecuador de la gran recesión, año 2011, llegó a colocarse en la posición 42. A partir de ese año, que puede considerarse de inflexión, ha conseguido recuperar 8 posiciones y, lo que es más importante, aumentar su índice de competitividad hasta valores previos a la crisis.

España ha dado pasos en la dirección correcta en aspectos como el desarrollo de su mercado financiero, en el pilar de las infraestructuras, el tamaño del mercado, en la educación superior, la formación y la sofisticación empresarial. Sin embargo, aún persisten factores que lastran su posición como el mercado laboral, el entorno macroeconómico y la innovación.

Durante los últimos años, los diferentes gobiernos de España han trabajado de forma decidida en articular medidas y reformas en el ámbito financiero, laboral, energético, mercado laboral, desarrollo productivo o sistema tributario, con el fin de contrarrestar la situación que derivada de la crisis económica. Sin embargo, en muchos de los casos no se han concretado avances contundentes.

A la hora de adoptar estas medidas, se hace indispensable contar con la participación activa de las Comunidades Autónomas, tanto por el elevado nivel de descentralización administrativa de nuestro país (uno de los más elevados dentro de la OCDE), como por el conocimiento más próximo y detallado que aquéllas tienen de sus carencias y debilidades.

En este contexto, la publicación del Índice de Competitividad Regional 2017 (ICREG) constituye el primer hito de la tarea de elaborar anualmente el Informe de Competitividad Regional. El propósito es que, con periodicidad anual, la sociedad cuente con una herramienta que le permita conocer el estado de la competitividad, no solo desde la perspectiva del ranking de posiciones de las Comunidades Autónomas, sino también desde una perspectiva dinámica respecto al resto de regiones de nuestro entorno económico con las que se compite. El Índice de Competitividad Regional 2017 se convierte así en el primer informe de la competitividad regional, cuyo objetivo principal es profundizar en las claves de la competitividad para acelerar el proceso de transformación y reforma que permita a España ganar mayores cotas de productividad.

El informe se configura con un doble objetivo. Por un lado, el estudio del nivel competitivo y su evolución en las Comunidades Autónomas españolas y, por otro, la visión de la competitividad comparada desde la óptica de los ejes que la determinan. La definición de una agenda de competitividad integral, que incluya, tanto un enfoque transversal −constituido por el conjunto de políticas que afectan de manera común a todos los sectores de la economía−, como uno vertical –referido a políticas enfocadas a cambios estructurales que incrementen la productividad y valor añadido de sectores concretos– es un reto que deben afrontar las diferentes Administraciones y agentes implicados.

Aceptando la necesidad de poner en marcha medidas de política económica que ofrezcan alternativas y soluciones para mejorar la competitividad de los países, se hace también imprescindible avanzar en el análisis de las áreas que determinan la capacidad real de las distintas regiones de un país y que son críticas para la competitividad regional. Un mayor conocimiento de las mismas favorecerá la generación y puesta en práctica de propuestas, tanto públicas como privadas, en los diferentes ámbitos de actuación.

Esta visión territorial de los procesos de crecimiento hace indispensable caracterizar las economías regionales e identificar sus debilidades y oportunidades, así como estudiar su relación con las políticas, tanto nacionales como regionales.

La necesidad de realizar diagnósticos no ofrece discusión, pero no es menos importante aportar respuestas, por ello los informes regionales recogerán una serie de propuestas encaminadas a mejorar la competitividad y, en consecuencia, la productividad y los niveles de bienestar.

Patricio Rosas Martínez

Economista
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