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El cambio climático como factor de competitividad. La economía baja en carbono.

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El cambio climático nos presenta un doble desafío. Por un lado, la necesaria adaptación para reducir los daños que empiezan ya a ser una realidad y, por otro, la obligación de reducir las emisiones, precisamente para prevenir que los daños sean mayores. En este sentido, la Unión Europea está marcando unos ambiciosos objetivos de reducción a 2020 y a 2030 que vinculan a España como país miembro y que afectan a empresas y actividades y a la competitividad de la Región de Murcia. Por estas razones, entre los grandes temas que centran los debates sobre el desarrollo de la Región de Murcia se empieza a incluir el cambio climático.

Además de un riesgo para la sostenibilidad el cambio climático es ya un factor de competitividad en gran medida por la presión internacional y europea que obliga a transformar nuestra economía en una economía baja en carbono.

El cambio climático se genera como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero, con independencia de quien las produce. Este carácter global convirtió en imprescindible la coordinación internacional, por lo que en Río de Janeiro en 1992, en la Segunda Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente organizada por las Naciones Unidas, se firmó el Convenio Marco sobre el Cambio Climático. Entró en vigor el 21 de marzo de 1994 y fue ratificado por 196 Estados, que constituyen las “Partes” de la Convención. En noviembre de 2015 se ha desarrollado en París la reunión nº 21 de las partes, acordando los compromisos que sustituirán en 2020 al Protocolo de Kioto aprobado en la 3º reunión de las partes, hoy prorrogado.

Con independencia del Acuerdo de París, la lucha contra el cambio climático y la implantación de una economía baja en carbono es hoy para la Unión Europea un objetivo de primer nivel. En noviembre de 2013, el Parlamento Europeo aprobó que al menos el 20% de todo el presupuesto de la UE para el periodo 2014-2020 se destine a proyectos y políticas relacionadas con el clima.

La Unión Europea acordó reducir para 2020 el 20% de las emisiones y para 2030 el 40%. Estos ambiciosos objetivos supondrán una destacada presión sobre el tejido empresarial de la Región de Murcia.

Para los sectores que deben participar en el régimen de comercio de derechos de emisión creado en 2005 por la normativa europea, 22 instalaciones en la Región de Murcia (plantas productoras de electricidad, refinería, industria cerámica, plantas de cogeneración e instalaciones de combustión de más de 20 Mw, conocidos como sectores regulados o sectores ETS, Emissions Trading System), las obligaciones se concretan en un 21% a 2020 y un 43% a 2030, con respecto a 2005 y para el resto de actividades sectores NO ETS (sector residencial, agrícola, comercio, transporte, gestión de residuos, también conocidos como sectores difusos) en el 10 % a 2020 y el 26% a 2030.

La asignación de derechos para el sector ETS de la Región ha quedado fijada hasta 2020 por diversos Acuerdos del Consejo de Ministros. Si suponemos unas emisiones como las realizadas en 2015 y como precio medio del derecho de emisión en el mercado el de esos doce meses (6,2 euros), cada año la aplicación del principio “el que contamina paga” supone gastar unos 11 millones de euros. Estas cantidades, en el caso de la generación eléctrica, son trasladadas directamente al consumidor vía precio del kwh. Para el resto de empresas, y sobre todo las de menor tamaño y sede social en la Región, la gestión de obligaciones puede ser más difícil.

Para los sectores difusos las obligaciones de reducción de emisiones llegarán a ser importantes. Resulta imprescindible impulsar estrategias de reducción de las emisiones en el horizonte 2030.

Basándonos en el último informe de proyección de emisiones 2011-2030 elaborado por la Comisión Europea para España, hemos estimado las que corresponderían a la Región de Murcia. Las emisiones esperadas superan los objetivos acordados por la Unión Europea (reducción en 2030 del 26% con respecto a 2005), siendo cada vez mayor la diferencia. La brecha alcanza para los sectores difusos en 2030 más de 2 millones de toneladas.

Estas cifras son un reto importante para la competitividad de la economía regional. Hay que tener en cuenta que la exigencia de reducción de emisiones va a ser cada vez mayor. Recordemos, en este sentido, que la Comisión Europea adoptó en 2011 la “Hoja de ruta hacia una economía hipocarbónica competitiva en 2050”, que pretende una reducción del 80-95 % en 2050, con respecto a 1990, iniciativa también refrendada por el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea.

Los sectores ETS y los sectores difusos contribuyen casi por igual (entre 4,3 y 4,4 millones de toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) por año expresados como CO2 equivalente (CO2 eq) al conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero de directa responsabilidad de la economía regional, que alcanza los 8,7 millones de toneladas anuales (datos de 2015, último dato oficial). Suponen el 2,7% de las realizadas por el conjunto del país y el 0,2 de las emisiones de Europa.

El sector más destacado en relación a las emisiones de los sectores NO ETS (sectores difusos) es el transporte por carretera de personas y mercancías y en especial los vehículos tipo turismo que suponen los mayores porcentajes de emisión.

Es necesario fomentar la comunicación voluntaria de emisiones o huella de carbono, en especial entre el tejido exportador.

Las encuestas oficiales de la Comisión Europea, como el Eurobarómetro, muestran que el cambio climático es uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos europeos. Los ciudadanos y consumidores de los países del norte y centro de Europa valoran positivamente los esfuerzos en mitigación del cambio climático de las empresas que proporcionan desde otros países los productos que ellos consumen. Una tonelada de CO2eq emitida en el país exportador contribuye por igual al cambio climático que la emitida en el país importador.

Las empresas habrán de conectar con las preocupaciones de los ciudadanos y para las dedicadas a la exportación se convertirá en un factor de competitividad. Para el resto de empresas, las exigencias vendrán a consecuencia de los compromisos de las administraciones y empresas para las que son proveedores

Un aspecto importante, una vez calculada la huella de carbono y realizados los esfuerzos voluntarios en reducción de emisiones y/o compensación, son las estrategias de comunicación que se siguen para que éstos sean conocidos por las partes interesadas. Pieza clave, en este sentido, es la existencia en España del Registro Público de Huellas de Carbono, creado por el Real Decreto 163/2014.

El fuerte peso de la carretera, sobre el resto de modos de transporte, en el sector agroalimentario de la Región de Murcia hace, a medio y largo plazo, poco sostenible nuestro sistema de exportación de productos.

La huella de carbono de un producto será más elevada si se ha gastado mucha energía de origen fósil en su producción y manipulación y, sobre todo, si son transportados desde larga distancia en modos de transporte poco sostenibles. Impulsar el transporte de mercancías con menos emisiones por tonelada de CO2, como el tren o las autopistas del mar, es un reto para garantizar la competitividad de la economía de la Región de Murcia.

El proyecto del “Corredor Mediterráneo” es un ejemplo ecoeficiente. El aspecto económico de esta ecoeficiencia se visualiza comparando el coste de 0,1 euros/tonelada/km recorrido para la carretera (Ministerio de Fomento) frente a los 0,04 euros/tonelada/km recorrido para el ferrocarril (Observatorio del Ferrocarril). En cuanto a la parte ambiental hay que señalar que las emisiones son de 75 gr. por tonelada de CO2eq/tonelada/km. recorrido para el transporte por carretera (Oficina Española de cambio Climático) y 25 gr por tonelada de CO2eq/tonelada/km para el transporte por ferrocarril en tracción diesel (Observatorio Español del Ferrocarril).

Para mantener el nivel de consumo de cada familia de la Región de Murcia se emiten 0,65 kilogramos de CO2 equivalente por cada euro empleado. Una buena parte de las emisiones para satisfacer este consumo tienen reflejo en la cuenta de emisiones asignada a la Región.

Para determinar la contribución de las decisiones personales del ciudadano como consumidor al conjunto de emisiones de la Región hemos estimado la huella de carbono generada por el consumo familiar. Hemos partido de los datos que ofrece el INE correspondientes a las encuestas de presupuestos familiares. La información nos ha permitido traducir el dinero gastado a emisiones realizadas y de esta forma cuantificar la contribución que supone el consumo de las familias al conjunto de las emisiones de gases de efecto invernadero. La huella de carbono generada por el consumo familiar es de 16,7 tn de CO2 eq /año en la Región y 16,3 tn de CO2 eq/año de media a nivel nacional. Cada uno de los ciudadanos de la Región tenemos una huella de carbono de 6,1 tn de CO2 eq /año

Las emisiones por consumo de carburantes de automoción calculadas a partir del consumo reflejado en la Encuesta de Presupuestos Familiares suponen cerca de 1.700.000 toneladas de CO2 equivalente. Comparado con el resto de emisiones de la Región en su conjunto, los vehículos de clase turismo generan más emisiones que la suma de la agricultura, la ganadería, la depuración de aguas y la gestión de residuos del conjunto de la Región.

La reducción del tráfico convencional para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero lleva aparejados beneficios directos para la salud.

El tráfico urbano, en el que el vehículo privado es el protagonista, es, además y sobre todo, un emisor de contaminantes que genera importantes efectos sobre la salud.

La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero lleva, en consecuencia, aparejados beneficios directos para la salud que, como hace la Comunidad Autónoma del País Vasco en su Estrategia de Cambio Climático a 2050, supone unos importantes beneficios en reducción de costes sanitarios.

Trasladando, con todas las cautelas, los grandes números señalados para el País Vasco, donde las emisiones anuales son algo más del doble de las de la Región de Murcia (19,3 millones de toneladas), se podría hablar de un co-beneficio, solo por ahorro de costes económicos en salud y ahorro en el gasto sanitario, del orden de 6 a 15 millones de euros/año.

Otro co-beneficio es el relacionado con la reducción en la importación de combustibles fósiles. El transporte por carretera, que en nuestra Región supone el 25% de las emisiones totales, es un sector enormemente dependiente de los productos petrolíferos (en un 98%), es el destino del 65% de las importaciones de crudo de nuestro país, de las que el 68% son consumidas por el vehículo privado.

La economía baja en carbono será uno de los motores que impulsen una verdadera revolución en el sistema de transporte, apoyando la movilidad eléctrica y compartida de vehículos de todo tipo. A los nuevos conceptos de movilidad eléctrica compartida se añaden los interesantes retos de las autopistas del mar o las enormes posibilidades de la movilidad sostenible en la empresa, entre otros.

Francisco Victoria Jumilla

Doctor en Ciencias Biológicas. Profesor de Universidad
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